El Señor de las Moscas.

William Golding. Ed. Alianza
El muchacho rubio descendió un último trecho de roca y comenzó a abrirse paso hacia la laguna. Se había quitado el suéter escolar y lo arrastraba en una mano, pero a pesar de ello sentía la camisa gris pegada a su piel y los cabellos aplastados contra la frente. En torno suyo, la penetrante cicatriz que mostraba la selva estaba bañada en vapor. (Pág. 9)....Tendió la caracola a Piggy, cuyo rostro se encendió, pero aquella vez de orgullo.
- Tienes que ser tú quien la lleve.
- La llevaré cuando estemos listos...
Piggy buscó en su cabeza palabras que expresasen a los demás su deseo apasionado de llevar la caracola frente a cualquier riesgo.
-... no importa. Lo haré encantado Ralph, pero me tendréis que llevar de la mano... Los otros asintieron. Sabían demasiado bien que la pintura encubridora daba rienda suelta a los actos más salvajes. (Pág. 203)